Sin darme cuenta me encuentro con espejos, algunas eras más jóvenes, en otros cuerpos más hermosos, pero espejos al fin y al cabo, mi boca y su boca son parte de una misma palabra, vamos caminando patas para arriba, con ese nerviosismo tan típico nuestro. La fatalidad se levanta la falda y nos deja respirar allí abajo, de pronto la oscuridad tiene compañera, la luna interrumpe su marcha para subirse sobre nuestros hombros y el día sigue, así como si nada, el día sigue, los espejos siguen reflejándonos, nadie está solo
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Viajeros en la luna de Vathé